Monday, April 14, 2008

Desargentinizar Uruguay

Desargentinizar Uruguay

Enfoques

• Todos los políticos argentinos, desde el primero al último, según Batlle (que tenía razón pero se achicó), son iguales porque los que no son como K y Barbie K, hacen todo lo posible para que esos gobiernos sean la norma y no la excepción en ese país.

• Podemos buscar nuestro destino, sí, pero antes que nada, tenemos que desargentinizarnos de una vez por todas y tratar de actuar, no como el barrio pobre de Buenos Aires, sino como el Gran Puerto del Sur, el puerto de aguas profundas que terminará por enterrar en el barro a nuestro competidor de nacimiento.

Admito que la idea de escribir sobre el "problema argentino" -porque es hoy y ha sido siempre Argentina un problema para Uruguay, antes y después de ser nación- surgió al leer la nota de nuestro querido amigo y columnista de este semanario, Antonio Fernández Arosteguy, cuyo título: "Ellos, los argentinos", es el tema de tapa de la próxima edición de Equinox Fin de Semana.

Agradezco a Antonio ser mi musa (o muso) en esta oportunidad, porque en primer lugar me subo a un tren ya en marcha, lo que me ahorra neuronas, tan cansadas esta semana; y por otro, me evita escribir sobre Antel y las declaraciones de Carvalho o No Declaraciones al estilo del sombrerero de Alicia, porque el diario El País parece que reculó de haberle tocado los cojones a La Langosta, en un lapsus de periodismo valiente.

Ya escribiré de Antel y su caída a la inexistencia si no hace lo que nunca podrá hacer, que es dejar de robar al consumidor y ser una empresa eficiente. Se le escapó a Carvalho -porque que lo dijo, lo dijo, confirma a texto expreso lo que escribo siempre, basado naturalmente en la razón: ANTEL es un engendro contra natura que debería desaparecer junto a todos los monopolios, para la felicidad de la República.
Antes, mucho antes que empezara este mamarracho fascista del bloqueo de fronteras, por parte de unos energúmenos que son tan argentinos como sólo un argentino típico puede ser -los buenos son minoría en ese territorio, por eso es lo que es-, había escrito notas y comentarios surtidos sobre el antagonismo que existe, desde que existimos, entre Buenos Aires y Montevideo. Nos detestan y nos desprecian. Nosotros, salvo las declaraciones que no se cree el declarante mismo, puramente formales, todos como nación, los detestamos, los envidiamos. Pero en lo que estamos todos de acuerdo, es que a los porteños no los bancamos; porque el problema principal, aunque no el único, son esos porteños que han convertido Argentina en una nación frustrada -lean la nota de Manolo Flores Silva más adelante, que también cayó muy oportunamente en mi escritorio- que a diferencia de Brasil y Chile, para citar dos ejemplos, no ha podido sacarse de encima una manera de ver al mundo que no es más que el estilo del matón y del demagogo, el del oscurantismo español antiliberal, militarista y clerical, que sumió por siglos a España en el atraso, mientras Europa renacía del cataclismo que significó para Occidente la cristianización de Roma y, por ende, su colapso como Imperio. Una cosa llevó a la otra.

Lo que toqué de refilón arriba, el colapso del Occidente Romano, porque ellos eran nosotros, a causa de las sectas excluyentes, será tema de otra nota. Les mandé una sinopsis para que queden picando. Volviendo al tema central, Argentina es el GRAN problema uruguayo que nosotros debemos enfrentar como nación, si es que queremos serlo -y sí, claro que quiero y todos queremos, porque he aprendido mucho leyendo a mi querido Carlos Maggi y trato de no menoscabar con mal humor nuestros cimientos, aunque a veces se me escapa una nota discordante- por lo que tenemos que lograr ser diametralmente opuestos a lo que son los argentinos, a lo que Buenos Aires significa como escuela de estafadores y curradores a la que tenemos que dejar de mirar como punto de referencia para ser nosotros mismos, uruguayos conscientes que, sí señor, somos mejores; lo demostramos cada día en cada cosa que hacemos, lo demuestra este gobierno -que no es el mío y que no me gusta-, aún este gobierno se distancia, quizás a causa de los insultos y golpes recibidos, del modelo de ser argentino. No digo peronista, digo argentino. Todos los políticos argentinos, desde el primero al último, según Batlle (que tenía razón pero se achicó), son iguales porque los que no son como K y Barbie K, hacen todo lo posible para que esos gobiernos sean la norma y no la excepción en ese país.

Debemos desargentinizar Uruguay en esta generación. La imbecilidad porteña, que crece con las horas mientras les cae el piano encima y ellos no saben cómo evitarlo, nos está ayudando. El bloqueo nos ayudó, las tribulaciones de La Langosta, baboseada y manoseada varias veces en público para vergüenza de todos los uruguayos, le han servido a ella y nos sirven a nosotros porque nos damos cuenta, finalmente, que ESO es Argentina, eso es Argentina en estado bruto, desnudo y sin maquillaje, ESO que vemos de un nazi hijo de puta que le rompe la cara a un tipo en vivo, por ORDEN de Casa Rosada, eso es Argentina. Es bueno que pase, es bueno a largo plazo que sigan siendo como son, que sigan bloqueando, jodiendo, estafándonos, insultándonos, porque eso nos está endureciendo y despertando del letargo, de la fantasía de que eran "hermanos", cosa que nunca fueron ni lo serán, porque la única forma de tratar con esa gente, la única forma de trato que ellos entienden, es con fuerza y firmeza.

Y lo estamos haciendo, casi llevados por los hechos, esos imbéciles están despertando nuestra identidad dormida y tenemos que agradecerles por eso por un lado y, por otro, dejar de querer ser como ellos, frívolos y mentirosos, curradores y chantas, dejar de copiar su basura cultural, su mierda televisiva, su forma de ver al mundo cínica y ventajera, y mirar otros referentes totalmente opuestos. Chile, el Perú de hoy, Brasil Imperial, del que pudimos ser su capital del Sur pero no fuimos por culpa de los malditos rosistas mazorqueros, antiliberales y aporteñados. Podemos buscar nuestro destino, sí, pero antes que nada, tenemos que desargentinizarnos de una vez por todas y tratar de actuar, no como el barrio pobre de Buenos Aires, sino como el Gran Puerto del Sur, el puerto de aguas profundas que terminará por enterrar en el barro a nuestro competidor de nacimiento.

1 comment:

jrd said...

Mi querido amigo. Vivo hace ya 40 años en este país de mierda, y he recorrido algo de su superficie. Y he aprendido que no hay que confundir términos. El porteño, habitante de Buenos Aires, es tal y cual lo describiste y aún más. Las provincias argentinas lo sufren y detestan de igual manera. Ocurre eso por razones históricas. Buenos Aires sigue siendo la gran sanguijuela que vive chupando la sangre de este rejunte de provincias, que sin buenos aires sería una gran nación. Lamentablemente las provincias han sufrido y sufren la desculturización que impone buenos aires para conseguir sus fines. Y que lleva a su población a un grado de estupidización increible. Pero buena parte de eso es también culpa de sus gobiernos, que atados económicamente a los designios de buenos aires, deben aceptarlo. En cuanto al Uruguay, ni bien aparezca algún gobierno patriota en serio, deberá ocuparse de frenar toda esta trasculturización y prohibir todo lo que provenga de buenos aires, televisión a la cabeza, y em pezar a resaltar los principios culturales autóctonos. Que los tenemos y muchos, de manera de revitalizar nuestro ser nacional. Ese que nos llenaba de orgullo cuando andando por el extranjero, decíamos con la frente en alto, somos uruguayos. Y dejar para siempre este que tratan de im ponernos más que nada por los medios de comunicación, que realmente a los veteranos nos averguenza.